sábado, 18 de diciembre de 2021

Historias de Argentina

 


Casitas llamadas "croteras"


 Sabían que hace muchos años, en algunas estancias ubicadas a la vera de los caminos o rutas se construían estas casitas llamadas "croteras". Justamente para darles refugio a los "linyeras".
Los linyeras eran en general hombres que se desplazaban caminando o viajando escondidos en los trenes de manera vagabunda, nunca se quedaban mucho tiempo en un lugar, no tenían trabajo fijo, el linyera quería libertad, independencia y soledad. Su nombre probablemente provenga de "lingerie", vocablo francés destinado a designar a la ropa interior que tenía en sus atados. Los linyeras llevaban al hombro un prolijo paquete cuadrangular que los italianos denominan "lingera". Además portaban la "bagayera", palabra derivada del español "bagaje" o del italiano "bagaglio", que quiere decir equipaje. Este es un atado de tamaño menor donde guardaban la olla y la pava, y dentro de ellas sus cubiertos, el mate con su bombilla y un plato hondo enlozado.
 (Diferencia entre Croto y Linyera es que el Croto buscaba trabajo y el Linyera buscaba independencia y Libertad le gustaba estar solo)

Fuente:  Facebook:" Lo Grande de mi País"

 



Alejandro Schmidt

 


Mi corazón era una planta
 
cuando mi madre era niña
mi corazón era una planta
 
y era la tierra para ella
un grano redondo de perfume
 
yo crecía en su pecho
sin saber del agua ni el espacio
que va de la luz a las sequías
 
crecí para decirle  una  palabra
una palabra,  lenta, inolvidable
 
hace unos años que espero su silencio
para ordenar mis hojas ante ella
 
mi verde temblando en la intemperie
 
en nuestra casa hay un jardín de piedras
que su sombra refresca
 
en una foto que está sobre la mesa
la vi cuando era más joven que su pena
 
su silencio
llueve ahora sobre mi corazón
y esa palabra que yo estaba buscando
 
era la raíz de un sueño en donde amaba
la niña de mi madre ausente del ocaso.
 
 
 
Diversiones
 
recibí un vale por una entrada gratis a City Park
allí encontré el Globo de la Muerte y la Mujer Araña
 
a lo lejos, en la autopista que cruza las montañas
mi amor es un tren fantasma
 
nunca sabremos para quien cantaban los patos de madera
derribados uno a uno
en el salón e tiro.
 
 
Lengua
 
herida tatuada para besar la luz, cubriéndola de ampollas
 
sonido que arroja el cuervo de vivir
 
el alfabeto del mundo está en tu ausencia
 
una máscara acústica es sólo el vapor de la voz
 
hijos de las palabras
¿a que miráis esa mujer ahogada con su hijo muerto en los brazos
 inertes?
 
Estos dos poemas de 1989 y 1990  respectivamente que me envió Alejandro, permanecían inéditos. Desconozco, si los mismos fuero publicados posteriormente en alguno de sus libros
 
 Poeta, editor y periodista cultural argentino
1955.  Villa María (Córdoba) - 2021 Córdoba (Argentina)
Publicò: Elegìas y epitafios (poesía),Serie americana ( poesìa ), Dormida, muerta o hechizada (poesía), Blanchard o el Aciago destino ( ensayo ), El diablo entre las rosas (poesía),  En un puño oscuro (poesía), Como una palabra que pudiste decir (poesía), El patronato (poesía),  Silencio al fondo (poesía), Esquina del universo  (poesía) , Sissí (poesía)- 2021 (libro póstumo),  entre su vasta obra.


domingo, 19 de septiembre de 2021

Nº96 - Primavera 2021

Susana Cattaneo

 

Entre balbuceos de corales
nace una niña
con el sol en las manos
y la libertad en la frente.
Vestida con palabras
rema en su canoa
desnuda de sí.
Se une al primer espejismo
que le deslumbra los ojos;
lleva una pequeña luna
atada a sus cabellos
y el verano le crece en la boca.
Una hilera de animales marinos,
hipocampos, delfines,
la acompañan en su ruta de partidas.
Ella va hilando pensamientos
en las lejanas orillas del paisaje.
Una bandada de golondrinas azules
le dibuja el futuro
 
(del poemario : Pantano de fuego)
 

 Poeta, escritora.
Ciudad Autónoma de Buenos Aires.(Argentina).
Publicó: Afrodita en tu alma”, Castalia, Tú agua de sed (Cuentos), La diosa suicidada, Los destinos infinitos,. Más allá del último portal, La mirada en otro cielo, Poemas de incienso, La orilla más lejana y detrás del relámpago,. Estrellas en plegaria, Bitácora (Fotos de vida),.Lluvia sobre toda soledad, “Pájaros de resurrección “Mensajeros del principio”,. Palomas de la soledad (el libro del vacío),Niña subterránea, Musgo en el sol,. Bufanda de pájaros, Esa nostalgia de mí, De bosque y caminos”, Extranjeras a la intemperie, Niña subterránea II, Oasis de infinito, Estación de intemperie, Pantano de fuego.




Libros

 

La misteriosa princesa del Roca,Sentimientos, negocios e impronta femenina en el extremo sur de Còrdoba (1874-1929). (Ensayo: trabajo de investigación), de Flavia Daniele, Vila Huidobro (Còrdoba) Argentina y Rita Gerbaudo,Jovita (Còrdoba) Argentina.
174 pàg. 21x14 cm.
 Tinta Libre Eddiciones (Còrdoba).
2021.

 
“Acabamos de celebrar la boda de S.A el príncipe Serge Mestchersky con la señora Eny Allaire en la iglesia rusa en la calle Daru los testigos fueron por el novio-. Consejero de Estado, General de Rataef y S.A el príncipe Constantin Mouroussy, por la mujer S.A el príncipe Ferdinand Tyan y el marqués de La Rochetulon  et Grente;” (Excelsior, 5 de mayo de 1911).” Eny de Mestchersky —como firmaba ella— construyó un castillo a principio del siglo XX en el lote 25 C Pedanía Jagüeles en el Departamento Gral. Roca de la provincia de Córdoba. Este libro reúne una exhaustiva investigación de la vida de Ernestine Marie Leontine Allaire comprendiendo su nacimiento en 1874 en el Dpto. de la Vendee, sudoeste francés, su familia, amores y divorcios, proyectos e inversiones incluidas además las causas y circunstancias que determinaron su muerte en 1929. Una especie de novela real que vinculó a la aristocracia euroasiática con figuras y personajes de aquella modernidad internacional-nacional, clave en el diseño de un territorio surcordobés en el que mezclaron rastrilladas, fortines, poblados y por si fuera poco la presencia de una princesa.
 

Rita Gerbaudo. 
Nació en 1940 en Jovita, provincia de Córdoba. Referente histórica- cultural, autora de variadas publicaciones en clave local regional, coordinadora del Archivo Histórico de Jovita y miembro de instituciones públicas referidas al desarrollo, difusión y publicación de contenidos históricos-culturales.
Flavia Daniele.
Nació en 1983 en Villa Huidobro, provincia de Córdoba. Lic. En Ciencia Política con orientación Análisis Político. Ha colaborado en publicaciones regionales-locales. Actualmente integra el sitio digital Historiassurcordobesas, basado en un archivo digital histórico del sur de la provincia de Córdoba.
Publicò: Intendencia Comunista en Villa Huidobro (Còrdoba) 

Adriàn N. Escudero

 


El día que no amaneció
 
                                   a  Edgardo A. Pesante. In memoriam (16-01-32/22-03-88) .

El cielo estaba como enrejado, como oscuramente abovedado. Estaba en vilo. Esperando el cumplimiento de la maldita profecía aramea introducida en la cultura tolteca. Según ella, los signos emanados de La Estrella de la Mañana, aseguraban que el tiempo se había cumplido. Decían que vendría pronto la insidiosa Oscuridad y que el Día no volvería a amanecer. O el final de las texturadas alboradas volcánicas.
 
Aspiró entonces como un animal en celo el frescor nocturno, hilvanado en las hasta ese instante y sólo por una brevedad casual, verdes praderas de hombres altos, magos, hechiceras, elfos, enanos, hobbits, orcos, unicornios, bestias indómitas, reptiles y saurios aterradores. Pero nada sabía de la existencia de El Revelador. Y Tolkien vagaría aún y por más de 150 millones de años, como un espíritu desconocido para su estrenada conciencia vital. Y si todo sucedía como estaba previsto, ¿dónde prendería y apagaría el esplendor de su fuego primordial?
 
Se había quedado quieto ante aquel lúgubre presagio que hacía tronar su doble fila de dientes y colmillos con un lacónico rumrum, mezcla de ansiedad y presentido estupor agónico. Y un llanto como de cenizas recién inauguradas, pareció enrojecer aún más su mirada ayer altiva y ahora rotundamente cabizbaja… El sol no se anunciaba. Tampoco el fulgor de algún extremo racimo de relámpago. La quietud de esa tarde noche, ausente del chillido de los pájaros sobrevolando el valle de la Gran Montaña, era un signo que jamás hubiera deseado escuchar. Quizás porque aquel velamen de pequeñas criaturas, era como una ronda diaria que anunciaba el comienzo y el final de cada jornada. Al igual que el enjambre de peces que, día tras día, hacían funcionar y desde un hábitat acuoso virginal -al compás de los vientos serranos-, el luminoso reloj de la existencia escondida en una miríada de especies latiendo, tic tac, desde el fondo verdiazul de los lagos y de las crestas porosas de las lomadas de la comarca terrenal…
 
Y tardaba. Alguien, alguna vez, lo había anticipado. Anticipado que, El Vigilante, ya no tendría que tutelar a nadie más en la planetaria redondez de aquel cielo duramente encapotado. Un cielo abroquelado en cada una de sus moléculas, negando al Sol la complaciente alborada con la que, el cuchillo de luces perfiladas daba calor y vida a su primigenio mundo. ¿Salvaje? (…)
 
De pronto, un detalle del que extrañamente no había dado cuenta, le hizo pensar que la Oscuridad había llegado. Ya. Ya. Y alzó vuelo. Fue como unos cincuenta formidables metros aquel desperezo de lagarto alado. Sólo unos kilómetros a la redonda y todo se confirmaba. Las fogatas en aldeas humanas e inhumanas, no aparecían por ningún rescoldo traspasado por su proverbial visión de ave prehistórica de caza. Sin embargo, El Vigilante, no se dio por vencido. Y atravesó como un rayo toda la superficie de su mundo cruelmente amenazado y rumbo a la extinción total.
 
La completa ausencia de luz solar había comenzado un proceso de descomposición orgánica y mineral, y el panorama en extensas áreas del planeta ya no era ni verde, ni marrón ni azul. Su aguda facultad visual y poderosa audición, fueron más que suficientes para describir, con extrema certeza, las condiciones alarmantes y sobrecogedoras con que la realidad visible e invisible del planeta se manifestaba…
 
El color ocre comenzaba a dominar la escena y pintaba con un cándido pero lóbrego matiz mortuorio, hasta el más mínimo rescoldo de nichos de pichones famélicos, de frondas y vegetales sedientos, y oasis de tierras fértiles disipadas áridamente en una nube rumorosa de polvo volátil y rocas desgranadas… Corrido el telón de lo inexorable, los ríos mostraban la barrosa sequedad de sus lechos mustios. Y los mares y océanos, y los gélidos árticos comenzaban, desde una profundidad abismal, la vaporosa e imparable difuminación hacia lo Alto, mixturando sus aguas salobres con la opacidad creciente del cielo encadenado, abroquelado y renegrido, pero sin señales de tormenta alguna. Y tal condición crepuscular, inaudita y extraña, podía observarse como un fenómeno que había anulado –finalmente- hasta la espléndida belleza de las auroras boreales.
 
Con la desazón cargada sobre el ancho cuerpo, y el corazón protoplasmático de sangre fría latiendo de furia en su interior, con ondas asistemáticas y espumosas al borde de un estrepitoso infarto, El Vigilante regresó a la cima de la Gran Montaña. Afirmó con fuerza sus garras ciclópeas. Estaba solo… Alisó los dientes e hizo crujir los cónicos colmillos, agitó las alas laterales y estremeció su impenetrable piel gruesa y rugosa. Estaba solo. Solo. Era un Rey al que nadie podía ni deseaba destronar. Hinchó el hocico y abanicó sus cuernos y alas punzantes como las de un pterodáctilo. Solo. Completamente solo. Ni siquiera la corta visita a los huesos de sus antepasados, lo había consolado. Y peor todavía cuando tomó conocimiento de que su estirpe real, no tendría heredero… Y si el mundo volviera a recobrarse millones de años después, su estampa única sería tal vez, o confundida con sus no muy lejanos primos, los saurópsidos dinosaurios, o tenida por una creación imaginaria de fantásticos narradores de cuentos para jóvenes y niños…
 
Pero antes de que viniera la Oscuridad y su agobiante silencio de muerte, tuvo tiempo para prepararse como el Insigne Caballero Alado que había sido, hasta ese desdichado destino de su sentenciado, egregio mundo material. Así, con elegante presteza, alzó el cuerpo de rasgos serpentinos elevando sus dos saúricas patas delanteras, y, acollarando el cuerpo junto a las traseras cuanto pudo, desplegó en tenaza sus curvas y filosas garras para otear, por última vez, el horizonte oculto por la celestial bóveda ominosa; y despidió, con hidalgo furor, una gruesa bocanada de fuego, girando sobre sí como las agujas de un reloj desconocido… Luego, enjuagó su lengua con saliva agria y lechosa, recogió su gigantesca cola de aletas escamadas con motas de color metálico y polimorfético, y cerró los ojos hinchados por un llanto demorado de siglos... Y si nada podía hacer por ese mundo agonizante, también su hora había llegado. Solo. Un brutal estremecimiento  de tan nervada masa muscular, hizo temblar a la Gran Montaña y su cadena de eslabones. Al cabo, y a gatas, como un pequeño pichón de tigre, Quatzalcoatl, el último, inteligente, bondadoso, sabio y bellísimo Dragón Dorado sobre la tierra, apagó el brillo de sus metálicas escamas y exhaló un último suspiro, y, con él, las fuerzas supremas que lo animaran…
 
Al instante, la Oscuridad llegó, como estaba escrito desde el Primer Principio, para hacerlo presa y sepultarlo finalmente junto a los suyos, cuando la Gran Montaña y la Sagrada Caverna donde habitara -en la cúspide soberana de un risco inaccesible-, se desplomaran estrepitosamente sin más sobre sí mismas. Ello,  bajo un tronar espantoso que nadie llegó a escuchar tras el segundo e histórico Apocalipsis evolutivo que, Alguien, había desatado ahora con la fuerza de un enorme, brutal meteorito que golpeó a La Tierra… El nuevo supercontinente Gondwana se había originado -sobre los restos geológicos de Rodinia, Pannotia y Pangea- descentrando al planeta de su eje rotatorio y revirando a todo el Orden Existencial…
 
(…)
 
Concluía el calendario Jurásico de la historia Mesozoica. Estratigrafía futura mediante. Y ese Alguien comenzaría -también ahora- a barajar y dar de nuevo, con las cartas de eones, eras, períodos y épocas, un interminable juego de naipes astrales llamado Solitario.-

 Narrador, ensayista
Santa Fe (Argentina)
Pubicò: : Los Últimos Días; Breve Sinfonía  y Doctor de Mundos I (El Sillón de los Sueños).


Leyendas Argentinas

 


La leyenda del “Paso del Lechuzo”

 Desde el año 1856, cuando se creó el “Fuerte Constitucional” o Villa Mercedes, se empezaron a conocer y usar en algunas ocasiones, otros pasos existentes más al sur, tales como “El Paso del Lechuzo”, “Las Árganas” y “Las Lomitas”.

Entre los  màs conocidos por las fuerzas militares de Lucio V. Mansilla en su Excursión a los Indios Ranqueles, está “El Paso del Lechuzo”, cuya sola mención portaba un caudal de misterios y temores secretos.

Cuenta la historia, que ya en las penosas caravanas, o accidentadas travesìas en diligencia y volantas, al tocarse el tema del indio, y acortarse distancia hacìa la línea del Rìo Quinto (el último río, de los cuatro que atraviesan la provincia de Córdoba, y situado bien al sur de la misma), llegaban irremediablemente los múltiples y  legendarios relatos de sangrientas emboscadas indias en el sombrío Paso del Lechuzo.

¿Quién no tenía un amigo o conocido que alguna vez se salvó milagrosamente de una de ellas?

Se decía que al llegar al enigmático, sombrío y aterrador Paso cerrado por altos caldenes y quebrados chañarales, se escuchaban silbidos y quejidos de mujer.

Algunos decían que eran las ánimas de los cristianos degollados por los indios; otros que eran los indios asesinados por los cristianos..

Por las noches, se aparecía al viajero, una mujer vestida de blanco, sentada junto a la barranca…Las cabalgaduras se empacaban y era inútil azuzarlas o darle rebenque, sòlo iniciaban el trote, cuando la aparecida se esfumaba tras una densa neblina blanca …

Decían que no era una cristiana, sino una india que lloraba por los hijos que los mató el cristiano en el lugar.-