jueves, 19 de diciembre de 2019

Cesar “León” Vargas


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Estatua 4
 (Estatua perdida que habitaba una de las
pequeñas plazoletas de Av.Vèlez Sàrsfield y
Bv. San juan en  Còrdoba)

Yo hubiera querido tatuarle en los pezones
el color de mis besos …
Pero ella era tan dura,
tan negra de intemperie y bronce
que no hubo aguja
capaz de penetrarla.

La visité cuando la lluvia
colgaba un strass de luz en su
                                             /párpado quieto,
le acosé el pedestal con indecencias,
le hice ofrendas con flores de piedra
                                                /que mordían,
me disfracé de granadero y monté guardia,
tomé mucho café en el bar pegado a
                                                       /su placita
y le leí  poemas que hubieran enternecido
a cualquier bruja,
pero nada …

Llegué una tarde y ya no estaba,
tal vez cruzó el mar de su nostalgia
o tal vez duerme y sueña
en un depósito de la municipalidad …

No sé donde buscarla,
soy un hombre tímido
dedicado a esculpir en el aire su recuerdo.


Estatua 6 - Oso Polar en el centro de Córdoba
(Esta estatua esculpida para ornamentar el puente
Antártida, no fue emplazada allí al caer en cuenta los
organizadores de que en la Antártida no hay osos)

“De ninguna piedra es mi corazón”
tres veces lo dijo
y tembló su blanco cuerpo de oso,
condenado al calor de las latitudes,
lejos de todo mar,
migrante de plaza en plaza

Su bello cuerpo de oso
sueña un témpano
un horizonte de peces infinito,
sueña una sangrienta cacería de focas
que vista desde el cielo
fuera lo único rojo sobre el mundo.

Al centro de la piedra que lo guarda
yo lo sé, late su corazón helado y verde
como el polo que lo espera
donde algún día descansarán sus huesos.

Poemas tomados de la revista Palabras de POETA - Año 2- Nº 5 - Octubre de 2018. (Córdoba)

 Poeta y narrador oral
Nació en Canal (Córdoba), reside en la ciudad capital de Córdoba (Argentina)
Publicó:  El libro de la alegría; Del epitafio a la alegría; La puta patria. Algunos de sus trabajos, integran diversas antología de Córdoba, el país .

jueves, 19 de septiembre de 2019

Nº88 - Primavera 2019


Domingo Acevedo


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Guerreros invencibles del Aconcagua.

Esta noche
solitarios guerreros danzan en los pergaminos del tiempo
alrededor de una luna de plata
parecen mariposas danzando en el viento
tratando de alcanzar un sueño
una luz perdida en los lejanos suburbios de la alborada
fantasmas que recorren los Andes
atravesando senderos amazónicos
buscando entre los residuos de la historia
los restos incinerados de la utopía
encendiendo hogueras apagadas por el llanto
para que nuevamente iluminen de esperanza
las aldeas remotas de los Mapuches
hechos de amor y ternura
de un sentimiento tan profundo
que los ata por siempre a la tierra
por la viven y mueren
guerreros invencibles del Aconcagua
hechos de barro y agua
habitantes de más allá del río Maule
araucanos bravíos
eternizándose en el tiempo
raza que emigra desde el dolor y el sacrificio a la gloria
hoy por un sendero de sangre que viene del pasado
un centauro herido se aleja a morir en mi voz


América II

América
razas mezcladas
en la sangre y en el llanto
Quena dulce y triste
danza ancestral
ritmo frenético
de tamboras milenarias
bailes
esperanzas
alegría
oxidadas cadenas de siglos
arrastran un pasado
de llanto y  luto
América
indígena
negra
mulata
caribeña
latina
austral
insular
continental
América
violada
ensangrentada
subversiva
levantada
presentida
pero jamás sometida
osada
digna
valerosa
tierna
solidaria
amorosa
América
Una y otra vez América
mil veces América
en la sangre y en la flor
América
en la vida y en la esperanza
América
siempre América

Nació en Santo Domingo, en la Rep. Dominicana. Poeta y activista social
Publicò:  Espejismo de luna llena;  Ciudad de papel;  América; actualmente trabajo en su próximo libro, Antología del Asombro.

Violeta Bòncheva


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Sentir el océano

Me acerqué a él
hasta sentirlo –
se hallaba adormilado y humedecido,
hundido en sí mismo.

No me esperaba,
pero extendió sus brazos
hacia mí.

Prestó oídos a mi silencio
y pudo comprenderlo
todo...


Aquì la arena arde

Aquí la arena arde también de noche.
Muchachas de rodillas empapadas tejen
la melodía del infinito.

Un sombrero rueda hasta el agua,
dos gotas de aguardiente
se sumergen con deleite y diluyen
el contorno de los cuerpos.

 Como el mar agitado

Cierta vez un poeta dijo
que llevábamos el mar
en nuestros corazones,
que no importa dónde estuviéramos
si sentimos sus olas
y sus transparentes canciones.

Y tú, como un mar infinito,
derramas tus aguas tiernas
por mis pensamientos nocturnos,
y yo dibujo sobre la hoja blanca
unos ojos fijos.
sintiéndote como el mar
agitado
y muy profundo...

Naciό la ciudad de Stara Zagora (Bulgaria). Poeta.
Publicò: Húmedo esbozo,¨Espejo¨;Un instante equivocado; No tendrá adios; En el ombligo de la luna¨, bilingue,  y los libros en prosa: ¨Historia del padecimiento; El sombrerote¨, bilingue y ¨Lilium; Gotitas de Escobedo.

Leyendas Argentinas

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La leyenda del Quirquincho

La leyenda del Quirquincho es una clara enseñanza de la importancia del trabajo, de ser responsable con nuestros gastos y de no dejarse llevar por el estilo de vida de otras personas. 
Es una leyenda quechua de la puna jujeña.
Cuenta la historia que Puca era alguien muy hábil tejiendo abrigos para la gente del lugar. El desarrollaba “abascas” para los pueblerinos, y  “yacollas” que son tejidos mas finos, con abundantes colores y un perfecto hilado.
Su habilidad fue de renombre, comenzó a recibir pedidos de los incas mas poderosos, y poco a poco su pequeña choza estaba repleta de cueros y telas. El trabajo le abundaba y comenzó a recibir grandes ganancias en oro, plata y piedras preciosas. Entonces fue allí que comenzó a pensar para sí “Pronto seré rico, podré hacer lo que me plazca y divertirme como los demás, pasearé, cazaré cuanto quiera y compraré todo lo que me guste.”
Poco a poco el agotamiento de tanto trabajo hizo que Puca abandone su trabajo y comenzó a dar rienda suelta a sus deseos, los cuales le reportaban alegría solo por un momento. Comenzó a juntarse con otros habitantes del pueblo solo a embriagarse y gastando su oro en cosas sin valor e inútiles.
Así fue dejando de recibir pedidos de trabajo por parte de los príncipes ya que él no cumplía con su labor.
Cuando llegó el invierno, se dio cuenta que era necesario tener un buen abrigo y comenzó a preparar todo para tejerse un yacolla. Pero había perdido su habilidad. Las manos le temblaban mientras preparaba las tintas para teñir la lana y luego de varias horas solo consiguió un tejido de muy mala calidad, lleno de nudos y pelotones de lana mal escardada. 
“No importa, lo usaré así. Mañana trataré de tejer otro”, se dijo, y se envolvió completamente con el poncho.
 Pero al despertar encontró que el yacolla se había adherido completamente a su cuerpo de forma tal que ahora tenía una coraza encima. Peor aún fue el observar sus piernas y brazos que ahora eran cuatro patas cortas terminadas en afiladas uñas.
Desde allí el quirquincho es quirquincho y ronda por los campos, huyendo de los peligros, y escondiéndose en su caparazón.
 


Fuente: http://razafolklorica.com y  Portal de Salta

Haidè Daiban

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Bosquejos a làpiz

      Sonrisa marfilina,
¿de quién? ¿por qué?
Sobre el estiércol, los pasos,
los niños, sus pies descalzos.
Pordioseros
    en las bóvedas del puente,
    bajo el puente,
                 ocultos.

 Habían sido bosquejos
    para inaugurarse hombres.
Bosquejos a lápiz son,
   escándalo de vida.
   Borrón.


                                                
 De espaldas                        
                          Partiendo de Ingres


               Desnudo y de espaldas
               De espaldas al mundo.

   Puesta la mirada
   En la lejana unión
         Del cielo con la tierra.

   En el misterioso
   Infinito devenir
         Que se perfila como un horizonte.

  Allá lejos,
  Donde no estás tú,
          No están los otros

  Solo el intangible derrotero
          De las horas,
          Las que vendrán.

  Dejo escurrir el tiempo
  Mientas el mundo se desmorona,
          Siempre a mis espaldas.
                

 Extraña pareja

Tú, mi amigo,
Tú y yo
entre la oscura multitud
        sin que nos vean.
Solos,
       en este blanco escalón
para que todos rechacen
       mi negrura.
Tú, mi amigo,
tan blanco y espumoso,
¡Ladra mi nombre! 
Ayúdame
a extender mi mano
tan blanca del revés,
para que algún dios
nos regale una moneda.

Naciò en Buenos Aires. Poeta, letrista, escritora.

Publicò: Plegarias del siglo XX ( poesìa):Los indicio (poesía);Con el tiempo a cuestas (poesía);El rabdomante y otros cuentos (narrativa); Historia de muchos (narrativa); Cuentos con sabores (narrativa).