sábado, 19 de marzo de 2022

Historias de: .... Cosquìn

 


La Mandinga

Cuando en 1958 llegué a Cosquín, una vecina anciana, llamada Anita, me contó esta historia. Las márgenes del río, ese lugar que después llamaron La Mandinga, estuvo habitado por nueve indios que vivían de robos, asaltos y disturbios; los llamaban “Los Mandingas”. Eran altos, oscuros, con cabelleras largas y negras, llevaban poca ropa, hecha de cueros y ceñían sus pantalones con sogas y nudos rústicos. Nadie, sin embargo, sabía que uno de ellos era una mujer. Ella vestía de la misma manera; de ese modo pasaba desapercibida entre los hombres, sus compañeros, que la trataban como si fuera uno más. También se ignoraba de dónde habían venido pero todos les temían. Una noche, el cocinero de una posada que asaltaron los persiguió a caballo y alcanzó a la india. Creyendo que era un hombre comenzó a propinarle una soberana paliza y logró que la india gritara de dolor. Asombrado el muchacho le arrancó el chaleco con la camisa y  descubrió el engaño. Acurrucada en el piso, la mujer lo miraba llena de espanto, pero sin llorar. El hombre en un arrebato de vergüenza la cubrió con su abrigo. Luego, dejándola ir, la ayudó a montar el caballo, que misteriosamente no se había espantado y esperaba manso allí, a su lado. Desde entonces, cuando se escuchaba un tropel de caballos en las proximidades del lugar, el cocinero decía. –“Allí están, ésos son los indios de La Mandinga”. Ana contaba que, tiempo después, el cocinero Juan, que así se llamaba el muchacho, trajo una mujer de piel oscura a su casa, con ella formó su familia. Los indios se dispersaron y desaparecieron. Tal vez se afincaron en otro lugar, pero nadie supo exactamente qué rumbo tomaron. Yo siempre me pregunto…¿habrá podido acallar esa mujer con piel color de tierra los gritos rebeldes de su corazón para vivir una vida entre puertas, cerrojos y paredes? No lo sé… pero… eso sí, por las noches, durante mucho tiempo… se escucharon, y aún hoy se escuchan, alrededor de lo que fue después el barrio de “La Mandinga”, relinchos y el trotar de un caballo, que parece amansado por indios, al que nadie nunca ha podido ver.

Nilda María Sampaoli.  
Escritora.
Cosquìn (Còrdoba) Argentina


Jorge Tarducci

 

Voz plateada
 
La luna me dictó
una palabra...
era plateada su voz
...aunque ronca;
y en un instante un rayo...
me atravesó, sin piedad.
 
 
Viento Furioso
 
Sereno descenso,
voraz inmiscuirse
en los pliegues
intrincados, brumosos;
del viento furioso,
que noche y día
suele sacudirnos.
 
 
Ingenioso gienecillo
 
Ángel des-alado,
indómito y blancuzco,
que trepa espacios,
en alineadas columnas decoradas…
ingenioso geniecillo
no ensombrezcas…
los días sin horarios,
de maniquíes estatuarios.
 
Poeta
Venado Tuerto (Sta Fe).  Argentina.
Publicò:: Curte, obliga y plasma.;  Surco y Esencia ; Antología. 3(Recopilación)

Orlando Valdez

 


El color de la noche
 
todavía veneraba
cuando se iban
las estrellas
el color de la noche
la rompiente madrugada
el cantar
de golondrinas
y jilgueros
y el cielo
y el final
entonces
comenzaba
y el día
era de otros
 
Grisàcea
 
bajo la niebla
será partido
el verso
en marzo la luna de titanio
del horizonte picanesco
en junio el carmín
el poder de los grillos
tala el silencio por el límite
el azar el escondite
un muerto por siete colores
grisácea jamás avisa
empieza tibia
después arrebata
no teme quedar sin morada
 
(del libro: “El hondo silencio de la locura”)
 

Poeta.
Rosario (Sta Fè). Argentina.
Publicò: Zedlav ; Setenta veces siete más de tres veces; La insólita simetría; El mezquino trazo del acto; La cobardía feroz del silencio; El hondo silencio de toda locura.


sábado, 18 de diciembre de 2021

 Nº97 - Verano 2021/22

Andrés Casanova

 


Pequeñas historias
 
El reloj que vagaba por las estepas
Lo interesante no es saber la historia de un reloj que vagaba por las estepas. Lo importante es haber desarmado un reloj y conocer qué animales viven en las estepas.
 
Evolución
 
 El hombre nació con un ojo de menos y una pierna de más; con el transcurso del tiempo (mucho tiempo) Dios fue tomando cartas en el asunto  al principio de manera sutil y luego en forma abierta. Como resultado de la intervención divina, el hombre ganó un ojo y perdió una pierna.
 
Oficio de constructor
 
  Derribamos una vieja pared y el edificio comenzó a cuartearse; nos convencimos de que no resistiría mucho tiempo los golpes de nuestros pesados instrumentos.
 Al día siguiente ya el edificio había desaparecido. Entonces los arquitectos llegaron con sus planos y nos ordenaron levantar un nuevo edificio con las paredes cuarteadas.
 
Dos mil años después
 
 Después de dos mil años, he llegado al mismo lugar del cual partí. Ahora empezaré a llorar. Creo que ha muerto Dios.
 

Poeta, escritor.
Las Tunas (Cuba).
Publicò: Cuaderno de poesía; A través del tiempo (poesía); De Cuba te cuento (poesía); Hoy es lunes (novela);Tormenta tropical de verano (novela);Las trágicas pasiones de Cándida Moreno (novela); La jaula de los goces (novela);La fiebre del atún (novela); Las nubes de algodón (novela);No somos aquellos niños (novela);Atrapados por el vicio (novela); Fiesta con Havana Club (novela); El reloj, ese asesino (narrativa);Pequeñas historias memorables (narrativa); Ángel el desalmado y otras historias (narrativa)


Leyendas Argentinas

 


La leyenda de los Aromos
 
“Capullos de sol”
                          por Irma Droz                       
 
Chani era una indiecita que llegó con su familia para quedarse en este valle, junto con los aborígenes que vivían aquí, felices, trabajando la tierra, sembrando, criando sus animales.
 
Los padres de Chani, siguiendo el consejo de los ancianos de su tribu, vinieron buscando la salud para la joven, en este valle lleno de sol y con un hermoso rìo, amplio y cristalino. Ella estaba muy pàlida y delgada, y su tos permanente, le quitaba fuerzas día a dìa.
 
Al pie de la sierra y junto al rìo, vivìan sus hermanos, los comechingones, que los recibieron dispuestos a rogar al dios Inti, por la salud de la indiecita.
Chani era una joven muy bella y estaba muy enferma. Cuando Istinku la conoció, sintió el deseo de protegerla y de rogar, dìa y noche por su salud. El era un joven fuerte y trabajador; sembraba la tierra con su padre y no tardò en hacer amistad con ella.
 
Los días pasaban y Chani seguía  muy débil. Istinku rogaba por ella y entre ambos surgió el amor. Todos los jóvenes de la comarca eran testigos del afecto que nacìa y se unieron para rogar al dios Inti por la salud de la indiecita. Pedìan al cielo  rayos de luz y calor que, como decían los ancianos, sería lo que podía salvar su vida.
 
El invierno no tardò en llegar y los rayos de Inti no eran lo suficiente fuertes para sanar a la joven.
Después, el tiempo de las lluvias; gruesos nubarrones cubrìan el cielo. Chani estaba cada vez màs pàlida y débil. Su tos no le daba descanso. Los ancianos de la tribu no lograban aliviarla con sus medicinas.
 
Istinku desesperado, corrió una noche hasta el pie de la montaña y levantando sus brazos al cielo, esperò la salida de Inti para pedirle rayitos de luz y calor para su amada indiecita. El valle se hizo eco de su ruego que corrió por el monte, junto al murmullo del rìo y el canto de los pàjaros …Toda la tierra supo de su amor y su plegaria… Asì fueron  pasando los días y las noches…
 
Allà en la tribu, Chani estaba muy débil. Un profundo sueño comenzó a invadir todo su cuerpo; sus ojos cansados se fueron cerrando lentamente… En ese momento, un rayo de sol iluminò su frente y en su carita se dibujò una expresión de alivio y felicidad. Se había dormido para siempre…
 
Los  hermanos de Istinku recordaron entonces que el joven llevaba varios días al pie de la montaña. Corrieron para darle la triste noticia, era la hora del atardecer; una nueva fragancia crecía en el aire.
 
Grande fue la sorpresa cuando al llegar, se encontraron con un hermoso árbol que aùn conservaba la figura del joven. Las piernas se habían hundido como raíces en la tierra, la piel morena que cubrìa su cuerpo, era una corteza oscura y rugosa; sus brazos, tendidos al cielo, se habían multiplicado en ramas con hojitas verdes y pequeñas espinas grises que protegían a ciento de copitos, amarillos y perfumados, cubriendo todo el follaje. Eran pequeños capullos de Sol que Inti le había regalado en premio a su amor y fidelidad.
 
Istinku se convirtió asì en un hermoso Aromo. El viento lo fue sembrando a lo largo de todo el valle; y desde entonces, se viste de Sol todos los años y su perfume purifica el aire para todo aquel que llega a esta región en busca de la salud perdida.
 
Los Aromos son, desde aquel dìa, un símbolo de custodia, amparo y protección.-
 
Nombres propios de la legua quechua:
Chani : Que tiene valor, aprecio.
Inti        : Sol
Istinku : Hierba aromática (Aromo)
 
Esta leyenda fue creada para la “Guarda de los Aromos” de Santa Marìa de Punilla, tomando elementos de la región y respetando las características naturales de nuestra zona.
 
Irma Droz: Poeta, escritora y docente de Santa Marìa de Punilla (Còrdoba) Argentina


Invisible

 Grupos y Letras en el Rock Argentino  


El anillo del Capitàn Beto


El anillo del Capitán Beto
 
Ahí va el Capitán Beto por el espacio,
con su nave de fibra hecha en Haedo.
Ayer colectivero,
hoy amo entre los amos del aire.
 
Ya lleva quince años en su periplo;
su equipo es tan precario como su destino.
Sin embargo un anillo extraño
ahuyenta sus peligros en el cosmos.
 
Ahí va el Capitán Beto por el espacio,
la foto de Carlitos sobre el comando
y un banderín de River Plate
y la triste estampita de un santo.
 
¿Dónde está el lugar al que todos llaman cielo?
Si nadie viene hasta aquí
a cebarme unos amargos como en mi viejo umbral
¿Por qué habré venido hasta aquí, si no puedo más de soledad?
Ya no puedo más de soledad.
 
Su anillo lo inmuniza contra el peligro,
pero no lo proteje de la tristeza.
Surcando la galaxia del Hombre,
ahí va el Capitán Beto, el errante.
 
¿Dónde habrá una ciudad en la que alguien silbe un tango?
¿Dónde están, dónde están
los camiones de basura, mi vieja y el café?
Si esto sigue así como así, ni una triste sombra quedará,
ni una triste sombra quedará.
 
Ahí va el Capitán Beto por el espacio,
regando los malvones de su cabina.
Sín brújula y sin radio,
jamás podrá volver a la Tierra.
 
Tardaron muchos años hasta encontrarlo.
El anillo de Beto llevaba inscripto un signo del alma.
 
(del Álbum: “El jardín de los presentes” - 1976)
 
Fue un supergrupo argentino de rock progresivo y jazz fusión, liderado por Luis Alberto Spinetta, que actuó entre 1973 y 1977. Tuvo una primera etapa como trío (1973-1976), integrado por el propio Spinetta (guitarra y voz), Héctor "Pomo" Lorenzo (batería) y Carlos Alberto "Machi" Rufino (bajo), y una segunda etapa como cuarteto (1976-1977), al sumarse Tomás Gubitsch (guitarra). Grabó tres álbumes, dos de los cuales (Invisible y El jardín de los presentes) están incluidos en la lista de los 100 mejores de la historia de rock argentino de la revista Rolling Stone.1​ Sus temas más destacados son "El anillo del Capitán Beto" (considerada en el puesto n.º 65 de las 100 mejores del rock argentino por el sitio Rock.com.ar​) y "Durazno sangrando".